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¿Cómo modificar el sello de traductor e intérprete jurado?

¿Es necesario modificar tu sello de traductor e intérprete jurado si cambias de provincia? ¿Y de comunidad autónoma? No y sí, respectivamente. Estas son las monosilábicas y sencillas respuestas a estas preguntas no menos simples. Precisamente, esas fueron las cuestiones planteadas justo después de establecer mi residencia en Aragón y que, sin duda, me llevaron a conocer la descarnada realidad de la administración española. No dedicaré demasiadas líneas —no al menos en esta entrada— a glosar mi experiencia personal con los responsables de tramitar dichas gestiones, no obstante, puede que se filtre alguna reprobación, ya que darse mamporros contra un muro tan consistente produce chichones de tamaño considerable y dolores de cabeza intensos. El que avisa no es traidor.

Así pues, ¿qué pasos hay que seguir para modificar tu sello de traductor e intérprete jurado si cambias de comunidad autónoma? Intentaré ser lo más sinóptico posible para no empantanar un proceso que podría tener un recorrido mucho más expedito:

1. Escribir a interpretes.jurados@maec.es para solicitar la apertura del trámite correspondiente. En este caso, tu interlocutor va a ser el personal de la Oficina de Interpretación de Lenguas del MAEC.

2. La Oficina de Interpretación de Lenguas (de aquí  en adelante, la OIL) remitirá la solicitud de modificación de sello a tu Delegación del Gobierno correspondiente para la firma de nuevas fichas.

3. Para poder firmar las nuevas fichas, es necesario encargar un sello donde figuren tus datos de contacto actuales. Por cierto, deberás seguir el siguiente modelo que incluye alguna de las modificaciones que recoge el Real Decreto 2002/2009, de 23 de diciembre.

Fuente: Oficina de Interpretación de Lenguas

Fuente: Oficina de Interpretación de Lenguas

4. La Delegación del Gobierno que te corresponda se pondrá en contacto contigo para concertar una fecha y así poder firmar las fichas, que serán enviadas debidamente cumplimentadas a la OIL.

5. Una vez realizado este penúltimo paso, solamente hay que esperar a que tus nuevos datos figuren en la lista actualizada de traductores e intérpretes jurados nombrados por el MAEC.

Este proceso, a pesar de estar sintetizado en 5 sencillos apartados, me mostró las muchísimas carencias del sistema, representadas mayormente en la duplicidad de competencias y la ignorancia, en algunos casos supina, de la legislación vigente. Para que este proceso sea más ágil y menos farragoso, recomiendo descolgar el teléfono tantas veces como sea necesario. A pesar de que la comunicación fue eminentemente vía correo electrónico, algunas llamadas puntuales desbloquearon un proceso que parecía enquistado.

Debido a mi obstinación por hacer algo más diáfano este proceso, logré realizar una serie de averiguaciones que incluyo a modo de apostilla:

– Cambiar de comunidad autónoma implica ineludiblemente la firma de nuevas fichas. Cambiar de provincia dentro de la misma comunidad no requiere la firma de nuevas fichas, pero sí la comunicación a la OIL de tu nueva dirección para que pueda ser actualizada en su base de datos.

– El número identificativo de cuatro cifras que nos asignaron recientemente a todos los traductores e intérpretes jurados no debe aparecer en el sello. Hay que ceñirse exclusivamente al modelo de sello adjuntado previamente. Por cierto, la mención «traductor e intérprete jurado de (nuestro idioma)» es la fórmula obligatoria que debemos incluir en nuestro sello.

ENLACES DE INTERÉS:

Real Decreto 2002/2009, de 23 de diciembre, por el que se modifica el Reglamento de la Oficina de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Asuntos Exteriores, aprobado por Real Decreto 2555/1977, de 27 de agosto

Información general del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación

Lista actualizada de traductores e intérpretes jurados nombrados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación

[box type=”info”] TELÉFONOS Y DIRECCIONES:

Oficina de atención al ciudadano: 060

Oficina de Información Administrativa del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación: 91 379 96 00

Correo electrónico de la OIL: interpretes.jurados@maec.es

Teléfono de la OIL: 91 379 97 00

[/box]

De traductológico a traductoril

Cambio de piel bloguera pero, servidor, sigue teniendo las mismas ganas de escribir y compartir siempre que haya algo que contar. Y como la cosa va de cambios, leía con mucha atención hace unos cuantos días la última entrada de Pablo cuyo título no dejaba lugar a dudas: los arrepentimientos en los saraos de traducción no están permitidos, o lo que es lo mismo, una vez entras por la puerta y empiezas a escuchar a los ponentes está comprobado emocionalmente —científicamente todavía no, pero me da a mí que el Instituto Coca-Cola de la Felicidad pronto querrá inspirarse en nuestras conexiones astrales antes, durante y después de los congresos para sus anuncios publicitarios— y avalado por el más insigne sanedrín de gurús de la Traducción y la Interpretación que la letanía de lamentos o indefiniciones del tipo «mira que ADE tiene más salidas y aún estoy a tiempo» o «como traductor me siento maltratado por esta sociedad» se diluye sin dejar rastro. Si te vieras parafraseando al atormentado Bécquer con «mi vida es un erial, flor que toco se deshoja…» todavía estás a tiempo de no arrastrar tus perlados piños en el suelo.

Porque morradas va a haber de todas las facturas a lo largo de nuestra vida personal y profesional: algunas con resultado de magulladura y yodo en la zona afectada y otras con heridas penetrantes con necesaria aplicación de puntos de sutura. Pero oye, si hay algunas universidades y otras instituciones que han optado por ofrecer estos métodos de prevención,… ya se sabe: póntelo, pónselo. Y no es que en estas reuniones se repartan preservativos a cascoporro junto con el programa y el bolígrafo de la entrada sino que sirven de pantalla para, al menos, atisbar la realidad que hay detrás de las cuatro paredes de tu facultad —o de tu casa o lugar de trabajo—. Y eso, se paga con gratitud y buena compañía.

Porque el riesgo de contagio de todo tipo de enfermedades venéreas es elevado, muy elevado. A estas alturas, qué más da que tomen el nombre de privatización, universidad, educación, valores o democracia si lo que verdaderamente importa es que la cepa principal se llama miedo y se vende en serie y de forma legal. No es que estas reuniones acaben con el pánico de un plumazo pero sí ayudan a combatirlo. Sí actúan como una buena medicina preventiva y, de paso, hacen emerger, más que nunca, un conglomerado de estructuras idealizadas que están demostrando su incapacidad para conseguir los objetivos que antaño les fueron asignados. Ni papá Estado ni mamá Universidad van a ser capaces de sacar las castañas del fuego. Es hora de quemarse y experimentar cómo los dedos se achicharran en contacto con la realidad, que está que arde.

No hace mucho que salí de la universidad pero, en mi época, habría pagado muy bien por asistir a congresos de esta naturaleza. Mi promoción no mostró demasiado entusiasmo por la profesión y los intereses personales estuvieron muy por encima de los colectivos. A día de hoy, puedo contar con los dedos de las manos a aquellos excompañeros que sé que se dedican al mundo de la traducción o la interpretación. Y no es cuestión de hacer leña del árbol caído, pero el grueso mi promoción se dedicó mayormente a obtener un título de prestigio que les facilitara el ingreso en el mercado laboral de un modo más directo gracias al conocimiento de idiomas que se presupone tras obtener el grado. Totalmente respetable ese camino, pero las cifras no mienten.

Hace unos años la carrera-profesión de Traducción e Interpretación era una más, con alumnos tan preparados como desmotivados. Creo que ciertas cosas apenas han cambiado: los planes de estudio siguen inmóviles en la inmensa mayoría de los casos, desde las más altas instancias se apela al corporativismo y la permanencia en la mediocridad, Bolonia ha resultado ser un bofetón con la mano abierta y algunos docentes siguen empeñados en que las nuevas generaciones continúen desenvolviendo su tradicional rollo de papiro, acompañados por ese rancio perfume, para realizar sus traducciones a la espera de que las hermosas valquirias les guíen hacia la tierra prometida, esa Valhalla que sólo existe en una mente modelada en el siglo XX y no en el XXI.

Pero, ¿qué está pasando ahora? ¿Rebelión? ¿De dónde surge todo ese entusiasmo que ha conquistado el mundo de la traducción y la interpretación desde la base? Las redes sociales y la blogosfera han obrado el milagro. Multitud de mentes entusiastas siguen poniendo su granito de arena para que nuestra profesión tenga el reconocimiento que merece. Muchos han encontrado en entradas de blog, foros de discusión o conversaciones en Twitter lo que no se halla, generalmente, dentro de un aula: mundo real. Es un movimiento que se muestra ajeno al inmovilismo y me despierta una enorme simpatía, ya que, como poco, contagia ese interés tan necesario que encaja tan bien con el inconformismo.

Abrir un blog también va a ser un atentado contra la autoridad

Consecuencia lógica: crecen blogs como setas y hay duplicidades de contenido. La solución, fácil: no leer lo que nada aporte y esperar a que el tiempo pase la barredera para llevarse el material sobrante a la papelera de reciclaje. Prefiero ver la explosión de bitácoras de traducción como el fiel reflejo de que nuestra profesión se hace cada vez más visible y todo el mundo tiene ganas de contribuir y compartir sus vivencias. La plasmación de un estado de ánimo positivo. Que luego explote o no esa burbuja ya no está en nuestras manos… Y no es preocupante. El contenido lo gestionan los lectores y ellos deciden entre lo relevante y lo desdeñable. Y considero que el lector es muy inteligente. Parece que olvidamos que todos fuimos novatos un día y no por ello nos mandaron directos al patíbulo. Demasiada rabia y comportamientos inquisitivos con este tema. Y es que siempre ha sido más fácil arrancar una flor de raíz que dejarla crecer.

Los peligros en nuestra profesión perviven, como en cualquier otra, pero como brillantemente expuso Oliver Carreira en su presentación del ENETI, nadie se ha librado de ellos en sus respectivas épocas. Diferentes collares anudados a la nuca de los mismos perros. Y los perros, desde que son perros, no han dejado de ladrar. Este movimiento renovador demuestra que hay personas dispuestas a tomar las riendas de un caballo hermoso y trotón como la AETI. De ellos depende cabalgar con fuerza y garbo por esos pasillos de universidad o convertirse en un dócil poni de feria con el lomo encorvado de tanto ser montado.

Queremos tomar conciencia de que somos traductores e intérpretes y se nota. Es un primer paso hacia la visibilidad y el respeto profesional, que no está nada mal para empezar. Si será una moda pasajera o es el principio de algo más grande lo iremos viendo con el paso del tiempo. Además, nos brinda la inigualable oportunidad de encontrarnos con personas que vale la pena conocer y que, ¡albricias!, comparten tus mismas inquietudes, padecen los mismos males y participan de tus alegrías. Son ocasiones donde te das cuenta de que la traducción y la interpretación son mundos insondables, versátiles, si se quiere caprichosos, pero con un poder de atracción enorme. Momentos para todos los públicos con el fin de que pequeños y mayores se pongan las pilas, recarguen baterías o simplemente las cambien por unas más eficientes. Porque, aunque no lo parezca, a todos nos gusta sentir que pertenecemos a un gremio del cual sentirnos orgullosos.