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Se vende traducción jurada

Se dice, se comenta, se insinúa que el estatus del que gozamos los traductores e intérpretes jurados va a cambiar en poco tiempo, y no precisamente para bien. Hay tantos elementos que afectan directa o indirectamente a nuestra labor que sería interminable y muy cansino desglosar la lista de agravios, patadas en el bajo vientre y bofetones varios que padecemos día sí y día también, así que prefiero centrarme en el tema que nos ocupa y nos preocupa.

Los que estamos especializados en este ámbito asistimos con rictus de pasmo y vergüenza ajena a la publicación de noticias que hablan, por ejemplo, de la ínfima calidad de la interpretación judicial. Si es indigno y amoral que se juegue con el destino de las personas en el transcurso de un juicio, no es menos abochornante que un periódico generalista denuncie la calidad de un servicio mal prestado. No, no estamos hablando de publicaciones y foros especializados donde ya se recogen ab initio las reivindicaciones de este sector, sino de una publicación que pretende llegar al máximo número de lectores posibles. Un síntoma inequívoco de que la enfermedad avanza sin remedio.

Pues ahora resulta que los gerifaltes de la magna Europa pretenden arrancar de cuajo uno de los pocos clavos a los que podíamos aferrarnos los profesionales de este sector: la libre asignación de tarifas profesionales. Si se confirman los malos augurios, habría que competir en un mercado viciado, terriblemente hostil y donde reinaría el caos y el intrusismo más burdo. Pero en esta sociedad de mercado llevada al extremo más inhumano, imperan las líneas de abaratamiento y reducción de costes trazadas por esos soplagaitas con corbata que se dedican a calentar sillones de moqueta allá por Centroeuropa. Abaratémoslo todo, que sois muy caros los europeos.

El caso es que ahora cualquiera, sí cualquiera, podrá realizar una traducción que actualmente solo puede certificar un traductor jurado. ¿Qué más da que los solicitantes de este servicio profesional no vayan a saber a qué atenerse? Da igual, vamos a abaratar costes. ¿Qué más da que los funcionarios vayan a tener que enfrentarse a traducciones ininteligibles realizadas por aquel señor que estudió un curso de francés de CCC de tres semanas? Da igual, vamos a abaratar costes. ¿Qué más da que los engaños al colectivo de inmigrantes que necesita regularizar su situación en España vayan a estar al orden del día? Da igual, vamos a abaratar costes. ¿Qué más da que el mercado se vaya a convertir en un festín de tiburones hambrientos con ganas de reinar en estos mares? Da igual, vamos a abaratar costes. ¿Qué más da que se vaya a ningunear la capacitación de un sector profesional que lleva a cabo una labor social imprescindible? Da igual, vamos a abaratar costes.

Si llegara el momento en que tuviera que compartir espacio con «Rogelio, el profe de francés de mi cuñada», apago las luces y abandono la sala. Aun así, sigo creyendo en el trabajo honrado, aquí o en Bután. El problema es que los de siempre, los del maletín y la corbata, ni conocen ni desean conocer. Son unos ignorantes funcionales, ya que, si conocieran realmente el mimo con el que se elabora una traducción jurada, la responsabilidad que conlleva estampar nuestro sello y, en definitiva, el poso social que destila este tipo de servicio, quizá y solo quizá, se lo pensarían. Pero no están programados para conocer, sino para legislar. Y es que conocer la realidad social resta tiempo de acción… y eso en política se paga muy caro.

Hace bien poco, una chica senegalesa solicitó mis servicios porque necesitaba certificar los estudios secundarios que había llevado a cabo en su país de origen. Quería ingresar en un instituto de formación profesional de Zaragoza. Esta mujer de apenas 20 años, con serias dificultades para comunicarse en español, deseaba seguir formándose y sentirse útil en el país que la había acogido. Un propósito lícito, ¿verdad? Parece, pues, que es fácil olvidar que detrás de una traducción o una interpretación jurada hay personas que padecen, sueñan, añoran o buscan. Pero ¿qué más da si así abaratamos costes?

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3 Respuestas to “Se vende traducción jurada”

  1. María Eugenia dice:

    Hola, quería comentarles que en Argentina, por ejemplo, en el caso de las traducciones que deberían ser juradas ( o públicas, como las llamamos aquí) para aquellos que tengan que traducir documentos al italiano, ha sido suspendida. ES decir, el Consulado italiano no considera necesario que la traducción de documentos que vayan a presentarse para tramitar la ciudadanía italiana, por ejemplo, deba ser un documento jurado o público. En consecuencia, cualquier persona puede traducirlos, ignorando la importancia de un sello, equivocando otros datos o simplemente omitiéndonos por carecer de la formación necesaria que sí tiene un traductor jurado.

    • Rai Rizo dice:

      Hola, María Eugenia:

      ¿Algún organismo oficial ha dado explicaciones al respecto?

      Aunque mucho me temo que podrían ser las mismas razones que he expuesto en mi entrada: chapucear y dejar las traducciones públicas en manos de cualquiera.

  2. El mundo de la traducción, por lo general, funciona a rachas. Y eso es también lo que le ocurre a las traducciones juradas. No obstante, yo sigo pensando que este tipo de traducciones serán muy útiles en el futuro.

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