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Prioridades

Vuelvo a esta casa después de un tiempo de folios en blanco. Hay razones de peso: trabajo y prioridades. Escribir con el depósito vacío y soltar morralla estomagante con el único objetivo de firmar el certificado de asistencia no va conmigo. No quiero contribuir al llenado de ese contenedor de papel plagado de pleonasmos, insistencias, profecías y aforismos. Que ya está bien.

El traductor de este tiempo engulle una serie de axiomas que patrocinan el trabajo conseguido a través de unos medios, cuando menos, discutibles. No obstante, estos preceptos, a ojos del lector, son caramelos de un sabor delicioso. Relamerse y chuparse los dedos después de una lectura así es tan placentero… Esta época es la de los traductores visibles porque sí, las redes sociales como medio y fin, el reconocimiento unido al éxito profesional y su posterior proyección. Recuerdo, por si a alguien se le había olvidado, que los planos unidireccionales no existen, y que los baches, las curvas y las desorientaciones forman parte del camino. Es peligroso no conceder al dichoso «error» la importancia que merece.

Por otra parte, me carga tanta (falsa) proyección de éxito y afán de protagonismo entre los componentes de este milenario gremio. Es una moda censurable, espero que pasajera, reflejo de una sociedad ególatra. Compartir o fingir, escojan. El único reconocimiento que no me aparta de mi objetivo es el de poder comer, ser dueño de mi independencia y disfrutar de ello gracias a un trabajo bien hecho. El resto es puro teatro, que diría la cantante. No hay necesidad de arreglos florales, tampoco de atrezo. Traducir es una profesión hermosa y apasionante, pero no deja de ser un modo honrado de ganarse la vida.

Esta obligada desconexión, en la que he escuchado molestos zumbidos de cachivaches hospitalarios, sentido respiraciones incómodas y percibido el nervio entreverado en los ojos de un ser querido desde la distancia, me ha servido para, primero tensar los nervios, y luego establecer prioridades. Pues sí, prioridades, esas utopías que un día cualquiera se convierten en autopistas para canalizar tu energía positiva. Y son pretendidamente prosaicas. Nada de tocar el cielo con la punta de los dedos a través de decálogos de impecable factura, pero de insufrible contenido.

Mis objetivos del todo pedestres consisten en madrugar (todavía) más para acabar antes la jornada laboral, y así disfrutar más del mundo real que me rodea y hacer sufrir menos a mi espalda que mendiga cariño y atenciones. No parece mucho, pero gestionar mejor los horarios de trabajo, ser (todavía) más productivo, y cuidarme y cuidar más a los que me rodean, me parecen propósitos fantásticos. Por cierto, si alguien buscaba en este texto algún consejo sobre cómo establecer prioridades, mucho me temo que lo tiene crudo. Ya tengo bastante con aplicarme el cuento, así que dar la charla del especialista en preferencias profesionales se me antoja una tarea inabordable. Supongo que habrá millones de textos en forma de dádivas virtuales que den billones de consejos milagrosos al respecto. El que suscribe no es tan sabio, ni tan viejo, como para regalar perlas de incalculable valor. Será que soy un tímido egoísta. Será.

Apagar el ordenador a determinada hora y encender la vida más allá de tu despacho es un objetivo plausible. Cada cual debe manejar su propia voluntad. Para mí es una señal extraordinaria de disciplina y mantenimiento de una buena salud mental no trabajar más allá de determinada hora de la tarde, pero todos sabemos que, a veces, hay que estirar más de la cuenta el horario vespertino, sin olvidar que no todo el mundo posee los mismos biorritmos. La vida del autónomo, señores, no es un cuento de hadas, ya que, precisamente, el hecho de no tener unos horarios fijos es, para buena parte de los profesionales, una rémora constante en sus vidas.

¿Cuándo desconectar? ¿Es suficiente con dos mil palabras? Un ratito más, venga. Y así ad infinitum. Un círculo vicioso perfecto. Todo el mundo se puede sentir identificado con las maldades de esos días en los que eres la reencarnación de Belcebú, sentado delante de un original que asiste mudo al espectáculo que ofrece un profesional de la traducción cuando realiza su trabajo a contracorriente: la temperatura del despacho aumenta sin necesidad de encender la calefacción, las comidas no tienen nada que envidiar a las de un monasterio cisterciense del siglo XIII, tus posaderas adquieren una tonalidad entre violácea y rojiza nada favorecedora, y ay de aquel que se atreva a entrar a tu lugar de trabajo sin tu consentimiento… ¡pum!

Nadie se merece pasar por esto, y menos la gente que te rodea y es víctima pasiva de tus atracones filológicos. La vida del autónomo consiste en manejar, desechar y asimilar actitudes profesionales y vitales sin descanso. Durante el proceso de moldeado como profesional, conoces tus limitaciones y preferencias. Eso sí, mientras continúo con el aprendizaje, deseo instaurar en mi universo las caminatas kilométricas por los Pirineos como tótem reparador. El resto puede esperar.

«Dame una mochila y dominaré mi mundo».

«Dame una mochila y dominaré mi mundo».

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20 Respuestas to “Prioridades”

  1. Pablo Bouvier dice:

    Una entrada perfecta: nada que añadir, ni nada que quitar.

    Los “traductores de verdad” no tienen ninguna necesidad de ser “mediáticos”, a menos que quieran vivir de “lo que no es la traducción”…

    • Rai Rizo dice:

      Gracias, Pablo.

      No hay una sola forma de vivir de la traducción; solamente pretendo expresar la que más me representa.

  2. ¿Y lo privilegiados que somos por poder priorizar cosas? Eso lo pienso yo todos los días.
    A ver cuándo hacemos una escapada montañera juntos, Rai. 🙂

    • Rai Rizo dice:

      Es verdad, Darío. Qué poquito nos damos cuenta de lo afortunados que somos al poder escaparnos, por ejemplo, a las 11 de la mañana a darnos un baño o a comprar algo para la casa que nos hacía falta. Esas pequeñas cosas.

      Nuestra quedada montañera la llevo rumiando desde hace tiempo. En cuanto pasen estos calores estivales, planeamos una ruta. 🙂

  3. En primero de carrera, mi profesora de traducción inglés-español nos dijo que «traducir es decidir», como la vida misma. A mí también me cuesta encontrar el equilibrio entre lo personal y lo profesional, pero intento mejorar un poco todos los días. 🙂 ¡Enhorabuena por la entrada!

  4. Nieves dice:

    Como siempre, Rai, dejarte un comentario sería citar todo tu texto punto por punto. Y no es la idea.

    Saco mi cartel de aplausos y te agradezco ese enlace que se cuela por ahí.

    • Rai Rizo dice:

      Qué exagerada eres. 🙂
      Gracias a ti por darle un tirón de orejas a los «decaloguistas». Alguien lo tenía que hacer.

  5. Laura Moreno dice:

    Delicioso. Un gusto de lectura.

  6. Anabel dice:

    Por otra parte, me carga tanta (falsa) proyección de éxito y afán de protagonismo entre los componentes de este milenario gremio. Es una moda censurable, espero que pasajera, reflejo de una sociedad ególatra.

    APLAUSOS. Y he aplaudido de verdad, no solamente de palabra.

  7. Efectivamente, la vida es cuestión de prioridades, y las prioridades cambian también con el tiempo. Yo ahora al menos intento no encender el ordenador a partir de las 20:30 o así, que también hay que vivir más allá de una pantalla. Ahora últimamente no comparto tantos enlaces en las redes sociales, pues evidentemente, hay que quitar cosas para disfrutar de tu tiempo para ti. 🙂

    ¡Buena entrada!

    Pablo

    • Rai Rizo dice:

      Exacto, Pablo: cambian con el tiempo. Siempre sé, antes de priorizar, qué es lo que no quiero hacer. Y me baso en actitudes o comportamientos que me afectan negativamente como profesional y como persona.
      Vivir compulsivamente pegado a una pantalla no forma parte de mis objetivos vitales.
      Gracias.

  8. Elena Nevado dice:

    Como todos los demás, te aplaudo. Me encanta tu blog por lo que escribes y por cómo lo escribes.

    Por cierto, me ha gustado mucho lo que dice Judith en su comentario: «traducir es decidir», como la vida misma.

    Elena Nevado

    • Rai Rizo dice:

      Gracias por tus palabras, Elena.

      A mí también me ha encantado las palabras de la profesora de Judith. Hay mucha verdad en ellas.

  9. *PLAS* *PLAS* *PLAS* *PLAS*
    Me inclino ante ti, Señor Sastre. Estoy totalmente de acuerdo con tus palabras. Priorizar es lo más importante para poder sobrevivir a esta vida llena de información, acontecimientos y demás cosas que pasan. Unos priorizan de un modo. Otros, priorizamos de otro. Yo también prefiero priorizar por vivir y disfrutar de la vida, incluso si eso significa desaparecer del mapa un tiempo.

    Eso sí, echábamos de menos tus textos. Espero que vuelvas pronto (y yo también debería aplicarme el cuento).

    • Rai Rizo dice:

      Desconectar, bonita palabra. Ahora todos, con tanta conexión, estamos un poco lelos. Para mí, desconectar significa presionar el botón OFF a todos los niveles.
      Gracias, Curri. Me encanta que seas tan efusiva. 🙂

  10. Teresa dice:

    Solo puedo decir GRACIAS por la entrada. Hay que tener los pies en la tierra y no perder de vista lo que realmente importa.

    Yo madrugo muchísimo más de lo que me gustaría para empezar a trabajar temprano; así puedo disponer de más tiempo libre a lo largo del día para dedicárselo a los míos y a otras cosas que también llenan mi vida.

    Un cordial saludo.

    • Rai Rizo dice:

      Teresa, comentas cosas muy interesantes que olvidamos con frecuencia por motivos y afanes diversos.
      Gracias a ti por recordar nociones no tan abstractas como «pies en la tierra», «lo que realmente importa» y «otras cosas que también llenan mi vida».

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