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Traducción voluntaria sí, pero…

Hace poco me topé por casualidad con una traducción de extraordinaria calidad: finísima escritura, giros excepcionalmente traídos a la lengua materna, fluidez, fluidez y más fluidez en la lectura. Pensé que el profesional habría recibido un pago holgado, —me gusta pensar que la gente cobra bien por trabajos bien hechos, aunque a otros les dé por pensar que eres un burgués de bata y puro— hasta que me di cuenta de que estaba leyendo el resultado de una traducción voluntaria. De paso, quedó demostrado que la fórmula «traducción voluntaria = churro infumable» no siempre se cumple en todos los casos, a menos que entre en la ecuación la variable Zuckerberg.

Experiencia y tiempo son dos variables innegociables en la vida de un traductor. Y ambas dependen, en gran medida, de sus aspiraciones profesionales que están ligadas indisolublemente a las personales. «¿Cómo vivir y de qué?» serían básicamente las preguntas que uno se hace al empezar, pero me atrevo a decir que nadie abandona este interrogante a lo largo de su vida profesional siempre y cuando viva con ganas de emprender e innovar. Ya sabemos que un tal Lennon dijo que life is what happens to you while you’re busy making other plans. Y tiene más razón que un santo, pero en el cielo no saben que en el mundo de los mortales se exige experiencia.

¿Y cómo adquirirla? Esta entrada es un magnífico compendio de respuestas a tantas y tantas preguntas que uno se hace cuando sale de la burbuja universitaria o simplemente tiene la intención de ingresar en un momento dado en el mercado de la traducción. Genial que la traducción voluntaria abrace tantas vertientes. Muchas y muy variadas opciones para adquirir experiencia pero, ¿a qué precio?

Respuesta sin visión empresarial: «mi precio es hacer cualquier cosa que me llame la atención/sea de mi agrado y así poderme sentir realizado».

Respuesta con visión empresarial: «mi precio es el tiempo que pienso emplear en esta tarea».

Lo ideal sería poder mezclar ambas visiones al gusto de cada uno pero, claro, de lo ideal sólo tienen noticias los productores de Disney y sus acólitos. Como hay grandes probabilidades de que no pertenezcas a uno de estos lobbies, quizá lo más recomendable sea tener los pies en la tierra y dejar de volar entre nubes mágicas, esponjosas y mullidas. Está bien que los sueños alimenten tus ilusiones, pero uno no puede vivir únicamente de dulces que no está la insulina para tonterías. Mejor dieta variada y tonificar los músculos empresariales desde la universidad que, aunque los libros de anatomía no lo digan, el autónomo —o el que quiere serlo ahora mismo a pesar de los pesares— debe saber que tiene unos cuantos músculos más en el cuerpo que el resto de los mortales. Cada uno que los ubique donde buenamente pueda.

¡Hablemos de la variable Zuckerberg! Lejos, descartadas y vilipendiadas deberían quedar las traducciones indecentemente denominadas voluntarias para grandes empresas con volúmenes de negocios monstruosos como Facebook o Twitter. La última en subirse al carro es Pinterest y no será la última en pedir grandes esfuerzos a su horda de hormiguitas para alcanzar el bien común. Cuidado, que está de moda pedir que se mojen el culo otros. En versión traductoril sería: tú traduce, hazlo bien si puedes, hagamos crecer juntos esta gran empresa con la que pasas momentos tan agradables y, de paso, permíteme que abra mercados importantísimos y siga engordando mi cuenta corriente. ¡Así es! Son los nuevos activistas por el capitalismo. Esa masa que bala sin cesar: «¡Beeee! Tú dame hierba y… ¡beee! dime tonto». ¡Ah, no! Que no hay ni para hierba, chico. Que ahora lo que se lleva es quemar y recortar.

¡Atiende! ¡Voluntarios!

Otra cosa son las organizaciones sin ánimo de lucro. Cosa seria, por cierto. Uno, que tiene experiencia en esto del asociacionismo, sabe que estos organismos civiles se dedican a remendar harapos y jirones de una sociedad pretendidamente olvidada —olvidada no significa que no exista— mientras otros pasan a cobrar indemnizaciones millonarias/monstruosas jubilaciones anticipadas por realizar actividades manifiestamente fraudulentas. Ya se sabe que tiene más caché un Louis Vuitton que una mochila en la espalda. Pero, maticemos: hay un gran contraste de organizaciones sin ánimo de lucro en cuanto a medios y recursos disponibles para el cumplimiento de sus objetivos fundacionales. Unas sobreviven con las cuotas de un número muy reducido de socios y el pequeño aporte de exiguas subvenciones —privadas evidentemente y de ámbito local o comarcal— y otras se benefician de una red internacional de asociados y pingües tributos por parte de entes públicos —muy pocos— y privados de diverso orden. ¿Y aquí dónde entra el traductor?

Pues convendría ser empático con el traductor recién llegado, con ganas de demostrar su valía, que envía currículos a discreción, busca oportunidades y obtiene por respuesta el silencio. ¿Puede ser una solución traducir para algunas ONG? ¿Hay un precio que pagar por traducir para ellas? Estas organizaciones funcionan gracias a la solidaridad pero, no olvidemos, funcionan con dinero y algunas de ellas manejan cantidades económicas nada desdeñables. Casualmente, suelen ser estas organizaciones más visibles las que realizan campañas de adhesión de voluntariado y, sí, suelen pedir traductores. He aquí la disyuntiva.

Por una parte, en los ambientes universitarios y académicos siempre se ha animado al estudiante y al recién licenciado a adquirir experiencia valiéndose de entidades y asociaciones sin ánimo de lucro. Casi como un dogma. Por otra parte, el recién llegado se encuentra con un discurso aleccionador por parte de traductores experimentados que invitan al probe aprendiz de traductor a no vender su tiempo y su trabajo a unas instituciones que bien podrían pagar su labor. Bien es verdad que algunas de las organizaciones sin ánimo de lucro más mediáticas recurren a profesionales muy cualificados en ámbitos laborales muy respetados y bien vistos socialmente. Por descontado, reciben sus pertinentes emolumentos por hacer bien su trabajo. ¿Acaso las traducciones a otros idiomas de sus páginas web, auténticos faros de visibilidad, también las realizan mediante crowdsourcing?

Así las cosas, al traductor se le exige que pague con su solidaridad y buenas intenciones el tiempo que emplea en esta labor. A cambio podrá decir que ha colaborado con tal, tal y tal asociación de prestigio internacional y podrá incluir esa experiencia en su currículum para así continuar haciendo girar la rueda de envíos vitaes a clientes potenciales y agencias. Tengamos en cuenta que la nómina de traductores desempleados o con proyectos esporádicos es probablemente más elevada que nunca, ya no sólo por las condiciones adversas del mercado laboral, sino también por la cantidad ingente de recién licenciados que rompen la placenta universitaria. Porque sí, queridos colegas, el mercado laboral ya no concede privilegios a la formación sino a la experiencia.

No me gustaría caer en el discurso moralizador de ciertos gurús de piel y sonrisa inmaculada que pululan por la red. Cada uno que haga con su tiempo y libertad lo que estime conveniente. No obstante, no es menos cierto que en sentido estricto, este tipo de asociaciones sin ánimo de lucro ejercen una posición de fuerza con respecto al traductor poco experimentado aunque, a cambio, les ofrecen la posibilidad de adquirir ciertas tablas. Si la relación entre las partes es ponderada lo dejo en el aire. De todos modos, que quede claro que no existe una única opción para adquirir experiencia de forma voluntaria, ni estas asociaciones son sectas que reclutan a voluntarios narcotizados con ansias de beber de la poción de la experiencia eterna. No lo llevemos al extremo ya que la libertad de acción y elección existe por ambas partes.

Cada cual que dedique su tiempo sin coacciones ni prejuicios a quien más pueda beneficiarle. ¿Podrían pagar a aquellos que tienen en la base de datos como traductores voluntarios? Digamos que sí. ¿Pagan por traducciones más visibles/comprometidas/importantes? Por supuesto, ya que no serían capaces de jugarse su prestigio y la buena imagen que proyectan al exterior. Lo que queda claro es que la traducción sigue sin tener la consideración social que merece. Es un hecho objetivo y no hay pretensión alguna de caer en el lamento y posterior pucherito que tanto nos caracteriza. Tampoco es necesario sumergirse en esa egolatría romántica que hace que consideremos nuestro trabajo como algo especial que sólo pueden alcanzar aquellas personas con ángel, duende y genio sin igual. Solamente se precisa un poco de espíritu crítico para saber a quién dedicar nuestro tiempo, en el caso de que nos sobre y nos sintamos comprometidos con determinada causa. Que ser solidario es cuestión de principios y no de apetencias.

Raimundo Rizo Sánchez es licenciado en Traducción e Interpretación por la Universidad de Alicante en el año 2008 y máster en Traducción Institucional por la misma institución académica en 2010. Traductor FR-EN-CAT>ES especializado en traducción jurídica, económica e institucional y traductor jurado FR<>ES nombrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación.

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13 Respuestas to “Traducción voluntaria sí, pero…”

  1. Nuria dice:

    Una entrada muy interesante y con la que estoy muy de acuerdo.
    No cuento con mucha experiencia en traducción y a veces traduzco como voluntaria. Sobre todo porque me gusta traducir. Estoy en las listas de traductores voluntarios de la ONU y me pregunto si está bien que siga ahí. También es cierto que mi actividad con ellos no es especialmente significativa. En cambio, colaboro con una ONG francesa que se llama Tradadev y lo hago muy a gusto, porque veo lo que hacen, que están a pie de calle con la gente que necesita sus servicios.
    Cuando me enteré de lo de Facebook y Twitter me eché las manos a la cabeza. Tenía amigos que me preguntaban: “¿Y por qué no colaboras con ellos? Sería genial para tu currículo.” Mi respuesta fue la misma que la tuya: porque pueden pagar perfectamente a un grupo de traductores profesionales. Puede que yo necesite experiencia y hacer currículo, pero también tengo una ética profesional.

    • Rai Rizo dice:

      Perdón por tanto silencio y demora a la hora de contestar, pero mis condiciones físicas hasta ahora no han sido las idóneas. 😉
      Pues oye, me encanta tu planteamiento. Con mi entrada no he querido ser especialmente aleccionador, ni mucho menos, sino abrir una ventana a la reflexión. El hecho de que tengas tiempo para dedicarle a una ONG, no significa que hayas de ser irreflexivo y lanzarse a la primera que se cruce por tu camino. Hay muchísimos tipos de voluntariado y creo, humildemente, que se debería optar por el que colmara más tus expectativas solidarias y ayudase en mayor medida a esa organización sin ánimo de lucro. Desde luego, hay muchas que apenas son conocidas en el circuito de solidaridad internacional y valoran muchísimo la ayuda que cualquier lingüista les pueda prestar.

      Por supuesto, Facebook, Twitter y otros tipos de crowdsourcing están totalmente al margen de lo que uno debería entender por voluntariado y solidaridad.

      Gracias por pasarte y dejar tu reflexión. 😀

  2. Laura dice:

    Es curioso que hables sobre esto justo en este momento. Ahora mismo me encuentro realizando una traducción voluntaria para una asociación sin ánimo de lucro poco conocida (de hecho, yo la conozco porque realicé mis prácticas allí). El gran problema que me he encontrado tanto ahora como hace un año durante las prácticas es que no saben lo que piden. En este caso en concreto, estoy traduciendo un manual sobre sordoceguera de 175 páginas, más o menos, del inglés al castellano. El gran problema viene dado por la terminología, ya que el tema de la sordoceguera casi no se trata en España y, por lo tanto, prácticamente no existe terminología. Por supuesto, la asociación es consciente de esto pero ven a los traductores como magos al más estilo Harry Potter capaces de hacer maravillas. Personalmente, me estoy volviendo loca aunque espero poder terminarlo a tiempo (me dijeron que lo necesitaban para septiembre u octubre…).

    Un saludo y felicidades por el blog =)

    Laura

    • Rai Rizo dice:

      Gracias, Laura. Perdón por tardar tanto en contestar.
      Lo que comentas suele ser bastante habitual, ya no sólo cuando tratas con asociaciones sin ánimo de lucro, sino también en el mercado laboral del traductor. Vamos, que el hecho de que te pidan la luna no es una exigencia exclusiva de las ONG sino que también podría ser patrimonio de cualquier cliente ajeno al mundo de la traducción. Para algunos somos lo que nunca podremos ser: máquinas.
      Por suerte, hay muchos otros que valoran nuestro trabajo y son comprensivos con nuestras exigencias. Esos son los que hay que cuidar. 🙂

  3. Carolina dice:

    Cada día escribes mejor, Rai. Un saludo.

  4. itziar dice:

    estoy muy de acuerdo contigo y escribí algo parecido hace un tiempo (http://vidasdemercurio.blogspot.com.ar/2012/03/no-preguntes-lo-que-tu-pais-puede-hacer.html), no tan bien ni tan extenso, pero con el mismo fondo.
    ahora querría hacer una matización. por experiencia personal, sé que el hecho de que algunas traducciones para grandes ONG sean voluntarias y otras no depende más de los presupuestos de la campaña para la que se hacen que del prestigio y la buena imagen. también tengo que decir que, en general, aprecian muchísimo al profesional que les dedica su tiempo y que no todo se paga con dinero cuando colaboras con ellos por motivación personal y no porque quieres experiencia.
    eso sí, lo de Facebook y compañía me parece lo más indignante del mundo mundial…

    • Rai Rizo dice:

      Hola, Iztiar. Perdona por tomarme tanto tiempo en contestarte.
      Efectivamente, depende de la cantidad de dinero que maneje la ONG en cuestión, pero no hay ser tampoco demasiado espabilado para darse cuenta de que las que realizan campañas de captación de voluntariado de traductores, curiosamente las más célebres, podrían formar perfectamente un grupo de trabajo remunerado. Otras profesiones sí son pagadas y, por tanto, justamente valoradas.

      La satisfacción personal es otro nivel totalmente diferente e inopinable. Lo que a mí me puede llenar a nivel personal quizá no te llene a ti. Eso sí, es esencial que el tiempo que podamos dedicar con total despresdimiento a estas asociaciones sea enriquecedor y beneficioso. Ese es el pago.

  5. Laura Perfetti dice:

    Rai, te escribo desde Argentina, soy estudiante de la carrera de traductorado de inglés en la Universidad de Morón, provincia de Buenos Aires, estoy cursando las últimas materias de la carrera y como “proyecto final” tengo que entregar una tesina, mi tema a investigar es “traducciones voluntarias” , fue así como llegué a tu website, me pareció muy interesante tu perspectiva y reflexión, querría pedirte, sin comprimso unos minutos de tu tiempo para que me cuentes si has realizado o realizas traducciones voluntarias y también si conoces algun site con material bibliográfico o algún marco teórico para empezar con el proyecto de investigación.
    Muchas gracias por leerme y espero tu respuesta.
    Saludos , desde Argentina.
    Laura P.

    • Rai Rizo dice:

      Hola, Laura:

      A día de hoy, apenas puedo dedicarle tiempo a la traducción voluntaria ya que, afortunadamente, el trabajo remunerado ha llamado a mi puerta.
      Por otra parte, las temáticas que más he traducido de forma voluntaria han sido las siguientes: protección y conservación animal y enfermedades raras.

      En cuanto a referencias académicas sobre la traducción voluntaria puedo dejarte el enlace de un trabajo realizado el año 2012 en la Universidad de Zaragoza: http://www.unizar.es/proactividad/trabajos_alumnos/11-12/Traduccion_Voluntariado.pdf
      Es un documento que tengo marcado como favorito en mi navegador, pero al que todavía no le he podido dedicar una lectura sosegada y reflexiva. Solo espero que pueda servirte.

      Mucha suerte con tu trabajo final y con tu vida profesional que estás a punto de abordar.

      Saludos.

      • Laura Perfetti dice:

        Rai, muchisimas gracias por tu pronta respuesta!! ya estaré leyendo el trabajo de la Universidad de Zaragoza.
        Saludos cordiales desde Argentina,
        Laura P.

    • Laura dice:

      ¡Hola Laura! y hola al autor de este interesante post también.

      Estoy haciendo un proyecto final de posgrado yo también (un año y medio después :D) sobre el mismo tema, y buscando buscando, aparte de muchas entradas interesantes en blogs de traductores, no hay mucho. Me he descargado el trabajo de la Universidad de Zaragoza, of course, pero me gustaría ver más opiniones.
      Echo en falta el punto de vista de, por ejemplo, un empresario: alguien responsable de Recursos Humanos de una empresa ¿contaría la experiencia voluntaria positivamente? Si empezamos a colaborar con una asociación ¿cómo saber hasta qué punto se lucran con nuestro trabajo, o dejan de pagar a un traductor? ¿Hay alguien ahí a quien le haya servido realmente la experiencia voluntaria? ¿Se parece mucho traducir voluntariamente a traducir profesionalmente? Y un largo etcétera.
      Muchas gracias y repito, me ha gustado mucho la entrada, aunque la haya leído muuuucho tiempo después.
      Por cierto Laura, ¿terminaste tu tesis? Me encantaría leerla, para ver cómo la enfocaste.
      Saludos
      Laura L.

  6. Paula dice:

    Interesante post. Yo traduzco para Mongabay, Global Voices y subtitulo para Argenteam. No sé si se benefician del traductor voluntario. ¿Podrías hablarme de ellas, si las conoces? De la que menos me fio es Argenteam porque creo es un entorno crowdsourcing. Gracias //

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