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El deseo de un traductor cualquiera

Descubrí quiénes eran los Reyes Magos a los nueve años. Y no, no puedo culpar a esos compañeros de clase que soportaban con mayor o menor grado de estoicismo a aquel tarambana que ponía en práctica las últimas técnicas aprendidas a la hora de la merienda gracias a Son Goku y compañía. Por cierto, todos los personajes hablaban un catalán maravilloso y nosotros lo reproducíamos tal cual aquí abajo, en Alicante, sin ánimo de mancillar el buen nombre de valencianos ilustres. Sólo queríamos jugar, pero nunca a ser político. Recuerdo que «fotre el camp» era una de las expresiones más utilizadas por los actores de doblaje catalanes para expresar que alguien debía «marcharse con viento fresco». El otrora niño revoltoso pide ahora un deseo a través de un lingüista: que la última palabra de esta expresión sea modificada añadiéndole una «s», una mayúscula inicial e incorporando el sentido literal como posible o, si se quiere, «presunta» acepción.

Al Son Goku catalán no le gusta la censura

Pero también estaba ese primo mayor que prefería darte un bofetón traicionero de realidad antes que mantener intacta tu cándida inocencia infantil una Navidad más. Ni compañeros de colegio ni familiares resentidos, primeros habitantes de la Tierra que dieron sentido a la palabra spoiler, fueron los culpables de que descubriese unos bultos sospechosos debajo de un somier de figura curvada. Bastaron unos ruidos sospechosos, algo nerviosos, un padre confiado y una puerta abierta a horas supuestamente anodinas. Ahora que se acerca la Navidad, esa época de felicidad y armonía sin igual en la que hasta las sonrisas pasan por caja, se sigue diciendo que no son buenos tiempos para la lírica, que todo está fatal, que el mundo se acaba… ¡Pero si ahora mismo es Navidad! Lo que estará cambiando esta sociedad para que estas fechas no logren elevar la moral de las tropas…

Y parece que hasta los Reyes Magos de esta temporada vienen algo alicaídos. Y no lo digo por el disgusto que tendrán los Borbones con su paje el exbalonmanista, sino por la llegada de una carta que ha suscitado un extraordinario debate en las redes sociales. Se han escuchado muchos ecos pero algunos han sido atrapados en la red en forma de entradas de blog, a saber, ésta de Pedro, ésta de Nuria y ésta última de Nathalie. A título personal, prefiero quedarme con el tono de estos tres últimos escritos y desechar el perfume derrotista que desprende la carta de El País. Y no hay que pecar de ingenuos, simplemente creer que una actitud positiva es una receta de éxito con ingredientes muy sabrosos.

Y no seré el que niegue que ese perfume tiene una fragancia embriagadora que todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos querido probar. No sólo el olor es atrayente, sino que además es muy barato y se puede encontrar en todas las tiendas… ¡Vaya chollo! Se percibe en cualquier esquina de cualquier calle, en la cola del paro, guardando turno en la panadería, en las idas y venidas del ascensor, en las comidas familiares, en los hospitales cuando alguien viene a este mundo, en los funerales, en los bautizos, en las bodas y ahora… ¡por Navidad como el turrón! ¿Acaso no vamos a poder respirar algo diferente? ¡Hombre, ya!

Dejando de lado la comercialización salvaje de este producto y tratando de no analizar a los fabricantes del mismo, prefiero ser más constructivo y no centrarme en seccionar a los culpables —¡Vaya! ¿He dicho «seccionar»? Nada, como si no lo hubierais leído, un traspié sin importancia. Sustituidla por «seleccionar» y adelante con la lectura—. El caso es que no quiero entrar en la corriente mayoritaria que obliga a todo el mundo a llevar el mismo uniforme —negro preferentemente o de tonos grisáceos y plomizos siendo transigente—, y que ha llegado incluso a contagiar al mundo de la traducción. ¡Lo que faltaba para el duro!

¿Hay motivos externos para desconfiar? Sí, muchos y todos los conocemos al pie de la letra y si no ya se encargan de que nos entren a fuego. Miedo comercializado en masa, miedo que se respira en el ambiente, miedo como pandemia. Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿Nos hemos preguntado alguna vez qué podemos ofrecer a ese mundo que sí existe y algunos pretenden ocultar? Porque existir existe y hay motivos para creer como éste o éste otro. Porque estoy convencido de que todos podemos ofrecer algo diferente, que nos distinga del resto y nos haga profesionalmente atractivos con nuestra colonia particular. La traducción y la interpretación, como universos heterogéneos, se prestan a ello.

Primero, vamos a empezar por cambiar nosotros mismos antes que pretender cambiar el mundo de golpe. Me exaspera esa retahíla de lamentos y suspiros que se escuchan y leen constantemente en nuestro mundillo. Porque quejicas somos, y mucho. Ahora bien, nadie nos obliga a trabajar con agencias que te minusvaloran, a aceptar encargos que te degradan como profesional y a comer de una mano que luego te dará un guantazo sin miramientos. Ahí entra en escena nuestro particular código deontológico y el grado de respeto que podamos mostrar hacia nuestra profesión. Pero luego no te quejes, jeremías, de que no tienes más remedio que cobrar 3 céntimos por palabra si quieres trabajar. Ni se te concede el derecho al pataleo, ¡ea!

Ser uno mismo es la mejor opción entre todas y seguir los consejos de grandes profesionales motivados, también —todos los que aparecen en mi sección «Traductosfera» lo están—. Así que en un mundo dominado por la tiranía del derrotado y la resignación como modo de vida, única y exclusivamente pido un deseo: encuentra tu pasión para poder defenderla desde el inconformismo y la imperfección. Mirándola desde un prisma prototípico y cómodo, sólo conseguiremos ver sus defectos y nunca sabremos apreciar sus virtudes. El pesimismo constructivo es un oxímoron, además de una soberana idiotez.

Sólo contemplo dos opciones para los traductores recién llegados, como yo y tantos otros: el lamento o la ilusión. La universidad es maestra de todo y nada a la vez y algo habrá que hacer para que la brecha entre formación académica y mundo laboral no sea tan amplia. Pero, un título académico tan sólo es un trozo de papel inservible si no viene acompañado de un actitud positiva y de unas aptitudes que se presuponen adquiridas a conciencia. Un trabajador o futuro trabajador descontento sale muy caro y la motivación no se vende en las farmacias. Si no hay trabajo para ti, trabaja para ti.

Hay mucha luz detrás de esa pantalla de ordenador que te parece tan desangelada y muchos, muchísimos profesionales dispuestos a dar lo mejor de sí mismos para desplegar desinteresadamente sus conocimientos, experiencias y entusiasmo. Inspiración retroalimentada, inspiración en constante movimiento. Leyéndoles o interactuando con ellos he aprendido mucho más que en cualquier aula universitaria. Es la parte práctica en potencia, es el espejo de la realidad en quince pulgadas. ¡Ah, que no se me olvide! La suerte es un artículo brillante pero tan frágil como el cristal, así que prefiero consolidar algo robusto como el trabajo.

Ésta es mi particular carta a los Reyes, que mágicos o no, seguro que no son de rancio abolengo, y, para no contradecir mi filosofía de vida, no voy a pedir por mí sino por todos esos traductores desmotivados, pesimistas y cansados. Siempre ha existido y existirá la figura de ese compañero de clase o familiar amargado dispuesto a hacerte ver ese «mundo real», ese mundo de casi dolorosa travesía. Es fácil encontrarse con ellos, mantener una conversación e incluso, a veces, resultan convincentes. Pero nunca creí sus palabras hasta que no lo comprobé por mí mismo. Nadie más que yo encontró esos regalos debajo de la cama después de dejarme guiar por mis instintos. Sólo yo experimenté la sensación de desilusión y desencanto recorriendo mis mejillas. Ahí está la diferencia. A los que nos gusta escribir, siempre aborrecimos los dictados.

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11 Respuestas to “El deseo de un traductor cualquiera”

  1. joanbanach dice:

    Gran carta. Espero que te hagan caso, los Reyes lo ven todo. 🙂

  2. esanchezleon dice:

    Me quedo con una frase: “la motivación no se vende en las farmacias”. 🙂 Si el mundo no es como yo quiero, ¿qué puedo hacer para conseguir aquello que deseo?

    Enhorabuena por la entrada.

    • Rai Rizo dice:

      Tu pregunta la podría responder con una simple respuesta: «tomando decisiones». El problema o la solución es que estas decisiones siempre deben estar «motivadas». Desde el sillón de casa a lo único que puedes aspirar es a coger el mando de la tele y cambiar de canal.
      Gracias por pasarte por aquí, Elizabeth.

  3. Gran entrada, Rai. Si la polémica carta al final sirvió para inundar Internet de cartas mucho más realistas, en parte me alegro. Suscribo al 100% todo lo que dices. 🙂

    Saludos,

    Pablo

    • Rai Rizo dice:

      Gracias, Pablo.
      Para mí la carta de El País fue como una pequeña catarsis. Despertó conciencias y liberó muchísimas opiniones y lo agradecí después de que hubiese un tiempo en que se percibía una corriente negativa constante en torno a las perspectivas de la traducción.

      Hay grandes ejemplos de profesionales de la traducción y la interpretación que sienten pasión por su trabajo y sois espejos donde debemos mirarnos los que queremos dedicarnos a esto. Soy de los que prefiero invertir mis energías en lo positivo y no desinflarme por prestar demasiada atención a lo negativo, así que lo único que pretendo honestamente con esta entrada es que se pueda ver la profesión como un lugar de oportunidades y no como una selva inhóspita repleta de caníbales con ganas de comerte. 😀

  4. Nathalie FC dice:

    Yo me quedo con lo que dices sobre la inspiración en constante movimiento. Pienso que, como la energía, la inspiración no se crea ni se agota sino que se transforma y se traspasa, igual que se contagia, por desgracia, la negatividad. Por eso, en nuestra mano está crear ese ambiente de inspiración y creatividad del que tanto se está hablando en los blogs esta semana. A eso le sumas trabajo y esfuerzo y segurísimo que algo conseguimos. Inspiración+creatividad+trabajo+esfuerzo = ¡Éxito! (Ya salió la científica :-D)

    • Rai Rizo dice:

      Me parece que la negatividad es, por desgracia, bastante más contagiosa que la positividad. Repito que no quiero caer en los espejismos de esas álmas de cántaro que ni siquiera intuyen el peligro, pero no me parece de recibo que gente que acaba de llegar tenga actitudes pesimistas. Actuar o comportarse influenciado por algo o por alguien no me produce buenas vibraciones. A eso hay que unir que no se puede esperar que el trabajo o las oportunidades lleguen regaladas.

      Estoy totalmente convencido de que hay gente que sigue valorando el esfuerzo, la dedicación y el empeño puesto en una profesión y un trabajo particular. Realizar cualquier labor desde la pasión siempre es y será un aval. Muy importante también escuchar la opinión de muchos profesionales en permanente contacto con sus respectivas realidades cotidianas. Cotejar muchas perspectivas, leer, informarse, actuar, una actitud más constructiva y crítica. Y con ese fin en el horizonte, uno debería trabajar todos los días aun teniendo muy claro que no va a obtener resultados inmediatos.

      Muchas gracias por pasarte por aquí, Nathalie y te tengo que decir que me ha encantado tu iniciativa bloguera de motivación. Viendo la cantidad de comentarios, se nota que has tenido la repercusión que merece una buena idea y me alegro mucho. 😉

  5. Jo també vull que algú «fotre el Camps»! ; D

    Una entrada grandiosa, Rai, punto justo de ironía, punto justo de emoción. Yo nunca he sido muy fan del edulcoramiento gratuito de la realidad ni tampoco del derrotismo sin sentido: ¡hay tonos grises, amigos! Está claro que estamos en medio de una época dura, que hay que luchar para no perder (y en algunos casos hasta recuperar) los derechos por los que nuestros padres tanto lucharon y que amenazan con desparecer, pero todo eso se puede hacer dejándose la piel cada día. Hay mil cosas por hacer. Traditori es un ejemplo perfecto de lo que se puede construir con muy poco. O como tú has dicho mucho mejor «encuentra tu pasión para poder defenderla desde el inconformismo y la imperfección.»

    • Rai Rizo dice:

      Gracias, Nieves.
      Sin duda, Traditori es un gran ejemplo de lo mucho que se puede conseguir gracias a la combinación de motivación, ilusión y talento. Es una receta que nunca falla.
      A ésta creo que habría que añadir «paciencia». Hemos mamado de una sociedad que se ha basado en el encumbramiento del éxito profesional basado en la inmediatez más absoluta, sin relatar «detalles escabrosos y nada relevantes» como desengaños, equivocaciones e indecisiones. Y se han creado verdaderos monstruos.

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