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Crear para creer

Una salmantina ilustre decía que la libertad era para soñarla. Venerables hombres y mujeres anónimos, sin reconocimiento ni alabanzas, de cabellos níveos y espaldas arqueadas por el peso de la vida supieron deslizar en mi presencia rotundas enseñanzas que siempre guardaré a fuego en mi memoria y que marcaron mi vida para siempre.

La narración sublime de quien se sabe víctima y protagonista de esas historias descarnadas de represión, castigo y chantaje sacudieron con tanta fuerza mi mente adolescente que hicieron brotar en mi interior un sentimiento inabordable de empatía configurando, en parte, mi visión del mundo. Esas personas hablaban con la fatigosa tranquilidad de quien no ha conocido un beso desinteresado, un amor libre de grilletes, una pasión sin prisión, un trabajo sin condena, una vida sin el insoportable zurrón de la tristeza cargado como inseparable compañero de viaje.

Esta gente, de mirada lánguida, profunda y erosionada, dejaba entrever un mundo insondable de decepciones y pensamientos enjaulados, de pasiones marchitas y sueños evaporados. Gracias a ellos, a esos testimonios de hombres y mujeres narcotizados por el veneno de la impotencia, pude pasear por terrenos devastados con la serenidad de quien no pide nada y, a cambio, observa todo.

Me vi reflejado en mil espejos rotos que escupían con crudeza imágenes dolientes, descompuestas por tantas palabras ahogadas en la garganta, por tantas miradas proyectadas hacia la nada, por tantas voces oídas pero no escuchadas, por tantos principios servilmente aceptados y deseos trágicamente amordazados. No, no quería tener nada que ver con esas vivas imágenes del sufrimiento, no quería experimentar ese dolor callado que se propaga con la voracidad de una enfermedad terminal, no quería vivir atado a una mente postrada en el lecho de la nostalgia y un corazón infartado por acumulación de desengaños.

Así es como llegué al encuentro, sin que mediara búsqueda ni voluntad, de mi auténtica vocación. Se escondió de forma pertinaz pero apareció ante mis ojos de forma meridiana: tenía forma de letra y, su amalgama, dio lugar a la palabra. Siempre ha sido para mí un abrigo tupido en el que he hallado calor, una auténtica compañera fiel que se ha limitado a responder lo que he querido preguntar, sin ir más allá, sin caer en la tentación de actuar como juez y parte. Siempre generosa relación, siempre honda comprensión. Dedos como gatillos tensos, razón e instinto como armas de precisión, palabras como balas letales, libertad como punto de mira.

Después de comprender el pacto de lealtad que había mantenido con miles de renglones a lo largo de mi vida, ¿cómo encaminar mis pasos hacia una profesión que colmara mis expectativas? Los idiomas me darían la respuesta y no precisamente la obtendría desde la vertiente académica. Porque traducir, interpretar y transcribir idiomas fue la forma para obtener ese ansiado título universitario, pero, ¿cuál era el fondo?

Un servidor, acostumbrado a analizar el continente y su contenido, cayó en la cuenta, poco tiempo después de recibir esa maravillosa pero simple lámina de papel que acredita nuestra formación, de que haber estado en contacto directo con diversas lenguas del mundo me había permitido conocer el alcance real de palabras como tolerancia y respeto pero, sobre todo, comencé a experimentar una sensación de hambre insaciable. Hambre por saber, hambre por mejorar, hambre por experimentar, hambre por continuar. Ese apetito, siempre insatisfecho, es la única garantía de progreso.

Por eso hay que seguir caminando en una búsqueda incesante de motivaciones y pasiones, luchando a cada paso por encontrar aquello que prende en ti como fuego inextinguible. El que suscribe es uno de tantos que ha pasado recientemente a formar parte de esa bola de nieve implacable que ya ha engullido a casi cinco millones de personas en este país. Mas es tiempo de crear por mucho que la coyuntura actual induzca a pensar lo contrario. Crear para creer y creer para crear: legitimidad absoluta.

La resignación es el paso previo a la derrota. El conformismo implica la desaparición del espíritu de lucha. Y alguien que no siente la sana obstinación de perseguir sus propias metas personales y profesionales está muriendo por dentro, lentamente, en un proceso que al final se torna en algo trágicamente irreversible. Yo ya encontré a mi compañera incondicional, la palabra, y en torno a ella crecen todas mis ilusiones y expectativas de futuro.

8 Respuestas to “Crear para creer”

  1. Gaetano dice:

    Me ha gustado mucho leer tu artículo, muy interesante! Kant decía: “Yo soy un investigador vocacional. Siento en mí la sed por conocerlo todo y la inquietud por extender mi saber, así como la satisfacción que produce cada nuevo descubrimiento.” (Immanuel Kant – “Escritos completos”) y es así, ese hambre insaciable, la pasión que nos ayuda a progresar y a mejorar siempre…nuestra fiel compañera de vida! Un saludo desde Italia!

    • Rai Rizo dice:

      ¡Muchas gracias por tu comentario, Gaetano!

      La verdad es que si no nos apasiona lo que hacemos, difícilmente encontraremos motivaciones para seguir mejorando. Por eso mismo, porque cuando uno busca y encuentra, lo que debería hacer es perseverar y ser constante hasta que llegue su oportunidad. Y sobre todo creer en lo que hace.

      Me alegro mucho de que hayas encontrado interesante el artículo.

      ¡Saludos!

  2. Me ha encantado. Me alegro de que hayas encontrado en la Traducción, tu vocación. Muy pocos tienen la suerte de encontrarla (yo entre ellos). Poder vivir de lo que te gusta es una de las mayores satisfacciones en la vida.
    Un besito

  3. No sé qué decirte porque ya lo has dicho tú todo, y así es como debe ser. Me ha encantado y me he sentido especialmente identificada con esto: “Gracias a ellos, a esos testimonios de hombres y mujeres narcotizados por el veneno de la impotencia, pude pasear por terrenos devastados con la serenidad de quien no pide nada y, a cambio, observa todo.”
    Aplauso, as usual 🙂

    • Rai Rizo dice:

      Me llena mucho que te hayas visto reflejada en mis palabras y sobre todo en las que entrecomillas: son precisamente la fuente de inspiración de esta entrada. 🙂

      Un placer leerte, como siempre.

  4. Me ha encantado, ha sido realmente aleccionador para todos. Creo que todos perdemos alguna vez el rumbo, y me encuentro en un momento algo raro…
    Muchas gracias, tienes toda la razón (aunque lo sabía, pero necesito leerlo de vez en cuando). Además, es un placer leerte. =)

    Un abrazo desde una futura traductora en erasmus en París.

    • Rai Rizo dice:

      ¡Ánimo, Alicia!

      Todos tenemos nuestros momentos “rarunos” o algo bajos, pero me gusta mucho que me digas que has encontrado mi texto “aleccionador” y que te ha servido para algo bueno. ¡Eso es muy bonito!

      Un abrazo fuerte para ti y espero que sigas leyéndome y pasándote por aquí.

      ¡Gracias!

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