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El subtítulo irritante

El cine, como medio excepcional de expresión humana, está siempre entre mis prioridades. Los motivos para tomar asiento ante una pantalla son siempre dispares pero, en mi caso, me valgo de este arte para encontrar un espejo en el que poder reflejar mis inquietudes y dar rienda suelta a mis emociones. Últimamente pocos largometrajes han ejercido de cristal transparente tornándose, en cambio, en meros reflejos translúcidos o, en el peor de los casos, en material opaco. Honrosas excepciones han provocado una carcajada o sonrisa sinceras, un escalofrío suspendido en el ambiente o una lágrima de profunda emoción. Pero todo esto debería verse refrendado por unos subtítulos con una calidad análoga a la dimensión de la película. Y aquí es donde quería llegar.

El otro día, mientras veía una película bastante reciente de un tipo que ha extraviado su genialidad en algún rincón de Nueva York, leí con pasmo un subtítulo español que rezaba lo siguiente: ¿Ha ordenado ya la comida? En ese preciso instante, la trama continuó mientras mi mente se detuvo sin remedio. No fue especialmente difícil desconectar ya que los personajes eran poco creíbles, casi maniquíes, y los diálogos parecían extraídos de un guión de un programa de estos de la tele pretendidamente graciosillo. Pero, cuando todavía estaba un poco aturdido por el calco subtitulado, apareció el siguiente error de bulto incorporado en la parte baja de la pantalla: En base a lo dicho,

Ese “en base a lo dicho” martilleaba mi cráneo sin descanso. ¿Acaso merecen los espectadores tales despropósitos? Nadie a mi alrededor dudaba de lo latosa que se estaba volviendo la película, todos acertábamos a pensar que quizá habría sido mejor ir a tomar una copa pero, ¿una película de tal calibre merecía semejante calidad de subtitulación? No deja de ser un dato plenamente objetivo que en España 9 de cada 10 espectadores prefiera ver películas dobladas antes que leer en la parte inferior de la pantalla los diálogos y voces en off en forma de subtítulos. Ahora bien, esta cifra, desalentadora como pocas, deja al trasluz una letanía de carencias fundamentales que la sociedad española expone sin rubor con respecto a la recepción, aprendizaje y asimilación de nuevos idiomas.

No es que pretenda hacer un análisis histórico riguroso pero creo que un militar gallego metido a político no hizo las cosas demasiado bien. Y no hablo de su turbador discurso en ese inglés macarrónico que pronunció cuartilla en mano sino de la imposición de una ley nacional que justificó en esencia la prohibición de la “proyección cinematográfica en otro idioma que no sea el español [sic]”1. En virtud de esta orden, la lengua española fue empleada como un instrumento perverso de manipulación cometiéndose viles tropelías contra los guiones cinematográficos originales amparándose bajo el paraguas de la censura franquista y la necesidad nacional de conservación de la pureza del idioma.

Nada más nefasto para un idioma que la politización de su esencia. Nada más dañino que la consideración socialmente retrógrada de que las grandes lenguas nacionales han de vivir en una burbuja de arrogancia lingüística, a fin de cuentas, en un constante estado de sobreprotección. Si bien nuestro idioma se ha convertido en un vehículo mundial de comunicación de gran cilindrada, en este país existe desgraciadamente la percepción provinciana e ignorante de que el prestigio del español es y será el mejor subterfugio para tapar las carencias en el aprendizaje de idiomas.

No es que ahora las películas subtituladas vayan a ser la solución a todos los prejuicios históricos que arrastra España en este ámbito. No hablo de la panacea universal. Sin embargo, algunos politicastros sí creyeron encontrarla contratando a profesores de inglés para impartir una materia de infausto recuerdo en mi muy querida Comunidad Valenciana. Vergüenza y desazón. Sólo remiendos, guiñapos y jirones. Pocas telas lucirán bien aquí mientras los de arriba sigan enfrascados en estériles disputas de parvulario que arrojan un persistente tufillo a intereses partidistas.

No seré yo, tampoco ninguno de vosotros, los descubridores de las bondades del aprendizaje de idiomas. Es tan evidente la desatención en este campo que duele hasta escribirlo. Es tan incuestionable que la inversión es tan ínfima por parte de los agentes implicados que hasta las películas de elevado presupuesto no se zafan de gazapos y chapucerías. ¿Cómo es posible que una gran productora no invierta en distribuir calidad contratando a profesionales honestos del mundo de la traducción audiovisual? ¿Tan complicado resulta comprender que un trabajo bien hecho siempre es un buen negocio?

Por último y no por ello cuestión baladí: los subtítulos también sirven para integrar a aquellos espectadores que padecen algún tipo de discapacidad auditiva. Los motivos para promover la calidad en el proceso de subtitulado rebosan cordura y justicia tanto para la propia industria cinematográfica como para los sufridos espectadores. Porque salir del cine enfurruñado por culpa de una película con ínfulas de obra maestra, de aquellos incorregibles parlanchines que se jactan de su doctorado en historia cinematográfica y de unos subtítulos de guerrilla es un tormento por el que ningún espectador merece pasar.

1. Fuente: Pozo Arenas, Santiago. La industria del cine en España: legislación y aspectos económicos, 1896-1970: Edicions Universitat Barcelona, 1984, p. 50.

12 Respuestas to “El subtítulo irritante”

  1. Buenísima reflexión, Rai, que además siempre está en boca de todos, nos dediquemos a este mundillo o no. Hace poco, yo misma echaba cuentas de cuánto cuesta el proceso íntegro de traducción y subtitulado correspondiente de una película a un idioma extranjero. Por mi propia experiencia, no llegará a un 1% de las ganancias correspondientes de la internacionalización del producto. Si bien el subtitulado hoy en día no es precisamente lo que enriquece a las distribuidoras (al menos en España, donde apenas se ven en el cine y no son prioridad en el visionado en DVD), está claro que permite una difusión tremenda y sus correspondientes ganancias.

    Por suerte, no todas las distribuidoras presentan unos “criterios de calidad” tan bajos. Llevo varios años trabajando como subtituladora para cine y DVD y, aunque puedan colarse pequeños errores en algunos casos (sí, somos humanos y las condiciones de visionado son para vivirlas), es muy complicado que suceda, ya que en nuestro caso, la traducción pasa por dos revisiones lingüísticas posteriores, una comprobación de los posibles cambios por parte del traductor y dos visionados de los subtítulos ya integrados en el vídeo final.

    Pero es muy posible que este proceso que yo considero bastante profesional cambie. Se están reduciendo el número de revisiones y se está cobrando menos por subtítulo/tiempo de reproducción del vídeo. ¿Qué ocurrirá en breve? La calidad disminuirá sí o sí. Aunque para nosotros, como profesionales de la industria, la calidad es fundamental, así como el respeto por plazos razonables y unas tarifas dignas, los “jefes últimos” presionan y nosotros somos un pequeño eslabón de la cadena de producción, ni mucho menos el más importante para ellos.
    Mientras haya profesionales que lo acepten, ellos seguirán aprovechándose de la ley de la (mala) oferta y de la (peor) demanda y nos veremos arrastramos a sufrirlo, como profesionales y como público. Una auténtica pena para todos.

    Espero que este artículo haga reflexionar especialmente a los amantes del cine y de la VO, esperando que intenten comprender las condiciones que sufrimos y padecemos. Quizá podamos empezar a presionar a los de arriba y no tanto a los eslabones menos importantes de la cadena…

    Un abrazo a todos.
    Eugenia

    • Rai Rizo dice:

      Muchas gracias por tu comentario, Eugenia.

      Nada mejor para esta entrada que una profesional que trabaja para el mundillo y sabe a ciencia cierta de lo que habla. Tus palabras vienen a refrendar lo que se puede ver cada vez de forma más habitual en los cines en VO y películas en DVD. Es triste la deriva que está tomando este sector pero se siguen priorizando otros aspectos de la distribución internacional de las películas antes que preocuparse por los aspectos lingüísticos de las mismas.

      Ya vemos que todo es cuestión de prioridades pero, sinceramente, no cuesta tanto invertir en calidad final del producto teniendo en cuenta que hay prestigio en juego. Pero queda demostrado que la mayoría de jefazos prefieren gastarse los cuartos en promocionar la película con absurdas entrevistas donde nadie dice nada que valga la pena antes que mejorar la calidad lingüística contratando a buenos profesionales. Visto lo visto, los idiomas no son demasiado rentables y no generan el dinero necesario para que sean tenidos en justa consideración.

  2. Nada menos que uno de cada 7 individuos en el mundo padece de algún nivel de pérdida auditiva… (1 de cada 10 en EE.UU.) Así que los subtitulados correctos incluyendo las descripciones de audio no relacionadas al habla sino de sonidos en el ambiente, por fortuna están para quedarse. Por lo menos en el mundo de EE.UU y otros países que por ley y BUEN negocio, incluyen la participación de sus habitantes discapacitados con sordera. Y aún hay mucho por hacer.

    Favor de darle un vistazo a este sitio y su labor al respecto. Es gratis afiliarse, de voluntarios y es mundial.
    http://www.ccacaptioning.org

    • Rai Rizo dice:

      ¡Hola Martha!

      Gracias por aportar datos. Es sorprendente comprobar que algo más de un 14% de la población mundial tiene problemas auditivos.

      Me parecía de justicia incluirlos en esta entrada ya que el hecho de que no escuchen bien o simplemente no escuchen, no significa que no puedan disfrutar del cine. Las películas subtituladas, además de buen negocio, son un método de integración social.

  3. Nathalie FC dice:

    Como siempre Rai un artículo magníficamente expuesto y escrito :-). Esto de los subtítulos, de las películas dobladas, de la poca o nula cultura general en cuanto al aprendizaje de lenguas extranjeras siempre me hace pensar… porque en mi opinión, para nosotros, no deja de ser una paradoja. Y ahora me explico.

    Por una parte, muchos traductores viven o trabajan traduciendo películas. La traducción audiovisual es un sector donde hacemos falta. El hecho de que 9 de cada 10 personas prefieran ver una película doblada no deja de ser una buena noticia para nosotros. ¿O no? Si todo el mundo tuviera suficiente nivel de inglés por ejemplo para ir a ver películas norteamericanas en VO o incluso en VOS, el sector de la traducción audiovisual recibiría un buen mazazo.

    Sin embargo, por otra parte, nosotros los traductores somos los primeros en ir a ver películas en VO como conocedores y amantes de lenguas extranjeras que somos. Claro, es normal, también sabemos que no hay nada como el mensaje original, porque en la traducción siempre siempre hay una pérdida de significado, ¿verdad? (que no lo digo yo, que lo dijo Peter Newmark).

    Por supuesto e independientemente de esto, la calidad del trabajo de traductores, ajustadores, dobladores y subtituladores nunca jamás debería verse afectada por plazos de entrega maratonianos o ajustados presupuestos. Pero a la vista está, como dice Eugenia, que esto es cada vez más frecuente. Y al final, como siempre, pagan (pagamos) justos por pecadores.

    Un saludo a todos,

    Nathalie.

    • Rai Rizo dice:

      ¡Hola, Nath!

      La vida está llena de paradojas y el mundo del cine en España no deja de ser una más. Esto no es un combate entre las disciplinas de doblaje y subtitulado. Ambas son necesarias y ambas cumplen con su función social. Debe existir la libertad sagrada para decidir cuál de ellas se ajusta más a las necesidades y apetencias del espectador.

      No seré yo el que denueste una disciplina tan respetable como el doblaje. Eso sería caer en la crítica fácil. No creo que para defender una postura sea necesario enterrar a la otra, supuestamente contraria. Todo se resume en una cuestion de preferencias, y en mi caso, el subtitulado en el mundo del cine es prioritario a la hora de entender este arte.

      Entiendo que haya personas que sientan apego, afecto y cariño por la voz de determinado actor de doblaje. Todo el mundo es capaz de asociar voces españolas a determinados personajes históricos del mundo del cine. Pero para mí esto no tiene valor alguno como espectador ya que no comparto esta percepción por el simple hecho de que no quiero que se desvirtúe, como muy bien dices, el mensaje original.

      Para mí es imprescindible escuchar el registro, el timbre de voz, la entonación del actor en su idioma original para comprender otra serie de cosas que se escapan a la disciplina del doblaje. Una voz siempre es personal e intransferible por eso la prefiero en su idioma original. Y dicho esto, solamente me he propuesto analizar con esta entrada por qué creo que 9 de cada 10 espectadores españoles prefiere ver películas dobladas. Y lo he hecho desde el punto de vista que tiene un entusiasta del cine subtitulado y de los idiomas y sus bondades. Sin ningún tipo de pretensión más.

  4. Trailer del largometraje documental VOCES EN IMÁGENES.

    Un homenaje a los actores de doblaje del cine español.

    http://es.youtube.com/watch?v=7cZFMfXUj6E

  5. Yo cuando veo algo en versión original y necesito subtitulos siempre veo los del propio idioma de la producción (Inglés…¿es que hay otro? ;-).Y las traducciones mortales no son ámbito exclusivo de la actualidad,ni de los subtítulos.De todos son conocidos errores garrafales en auténticos clásicos.
    En cuanto al imposición del doblaje cinematográfico durante el régimen franquista,en referente al aprendizaje de idiomas,no sé en que grado habría contribuido a una mayor cultura políglota.
    Si la misa en aquella época se daba en latín,y era casi de obligaba presencia,más aún en los pueblos,se podría decir tendría que haber una generación de abuelos,bien ducha en declinaciones.
    Si bien,cuando dejo de darse en latín fueron muchos los que no eran capaces de asociar el ora pro nobis con el ruega por nosotros.
    Está claro que la misa no era una clase de idiomas, por lo mismo una película tampoco lo es.
    En conclusión,si el dvd no me viene con su versión original ,doblada y su buen par de subtítulos por si me da por ponerlos,no lo pienso comprar,y así con todo,hummm…aunque en videojuegos,en lo casos en que no haya un gancho de “voz de famoso” y si no tienes el oído acostumbrado,es un gustazo si esta bien doblado.
    Por lo tanto partiendo de “traduttore traittore”,que cada cuál haga lo que le de la gana,pero que no me quiten las opciones de elegir,que a eso le tiene mucho miedo,que la gente elija libremente.Y así en todo..¡eah!
    un saludo.

    • Rai Rizo dice:

      Efectivamente, todo radica en la libertad para poder decidir. Como he dicho anteriormente, no pretendo que mi texto sea un enfrentamiento entre doblaje y subtitulado. Tan respetables son los entusiastas del doblaje como aquellos que disfrutamos de los buenos subtítulos en las películas y otros materiales audiovisuales.

      Tampoco creo que Franco sea el único factor a tener en cuenta para que España esté a la cola en aprendizaje de idiomas. Creo que no he dicho eso en ningún momento. Simplemente creo que con la prohibición de subtitular y la imposición de doblar se consiguió y se consintió que con esta medida la sociedad española tendiera a pensar en español. Tampoco seré yo el que descubra los gustos perfectamente controlados por el aparato franquista que utilizaba las salas de cine para inocular orgullo patriótico y nacional entre los espectadores mientras abogaba por decreto por los doblajes ceñidos a la moral y la estructura social de la dictadura. Y no lo digo yo, lo dicen padres, tíos, abuelos y gente anónima con la que puedes hablar en la calle que vivió en España en esa época. Y, precisamente, uno de los pasatiempos más extendidos entre los españoles en esa época era el cine.

      Mientras tanto, en otros países se subtitulaba con mayor o menor acierto, pero, se subtitulaba. Por eso, defiendo esa libertad, precisamente, porque muchos antaño no pudieron hacer uso de ella. Y, por descontado, critico que las multinacionales no se gasten unos miles de euros más en contratar a verdaderos profesionales del sector (que los hay y buenísimos) para hacer un subtitulado de calidad. Pero eso ya cuestión de decisiones empresariales donde el traductor es mera comparsa. Y ojalá cambie la tendencia.

  6. Una reflexión sensacional. No me queda mucho más por añadir. España tiene que espabilarse mucho para dejar de ser la vergüenza ya no solo de Europa, sino del resto del mundo.

    No creo que tener un país en el que la mayoría de la gente sepa hablar inglés realmente vaya a afectar a los traductores. Es más, creo que, incluso, nos ayudaría. ¿Por qué? Sencillamente porque seguirán necesitándose subtítulos: para sordos, para esa gente que, a lo mejor, sabe inglés, pero no tanto ni tan bien como para entender absolutamente todo, los chistes y juegos de palabras etc. Por lo tanto, si los subtítulos son una mierda, la gente que sí lo entienda todo, se quejará de los subtítulos. Si todos supiésemos más y mejor inglés, la industria cinematográfica pagaría más a traductores cualificados para que la calidad de los subtítulos sea buena, con lo cual, habría menos instrusismo (porque las agencias ya no se preocuparían en coger al más barato, aunque no tenga ni idea de hacer subtítulos, sino al que mejor lo hace), más traductores cobrando lo que toca y serían más felices. Seguramente el doblaje seguiría existiendo, por ejemplo, para películas para niños, para las películas que necesiten audiodescripción, etc.

    Y eso del calco pasa en las mejores familias. He estado corrigiendo un videojuego para una compañía. El videojuego, en teoría, estaba traducido al español de España, pero no paraba de encontrar cosas como “reporte”, “ingresar a la ciudad”, por no hablar del uso de “pulsar” en vez de “hacer clic” o “empujar” en vez de “pulsar/presionar” (era un juego de PC)… ¿Mi conclusión? Sin ánimo de ofender a mis colegas Latinoamericanos, que son unos traductores buenísimos: cogieron a cualquiera, que no solo no tenía ni idea de videojuegos sino que, además, no era español, para hacer una traducción seguramente mucho más barata (cuando la tarifa que me querían pagar a mí para traducir, ya estaba por los suelos, por eso decidí que me salía más a cuento corregir).. O aún peor, a veces había pinceladas de un traductor automático… ¿Qué consiguen con eso? Que yo tarde más tiempo del necesario en corregir y que, encima, por presión, lo haga mal, me deje algo, y el cliente se enfade y la agencia lo pierda.

    Bueno, y tras esta batallita de viejo chocho, vuelvo a felicitarte por tu entrada. Necesitamos mas de este estilo: cuandos más seamos gritando, más se nos oirá.

    Un saludete.

    • Rai Rizo dice:

      Gracias, Curri, por tus palabras.

      Y, la verdad, no puedo estar más de acuerdo contigo en todo. Es posible conseguir mejores subtítulos promoviendo la calidad a través de la inversión, con mejores tarifas, al fin y al cabo, con profesionales contentos. Mientras el modelo empresarial predominante en la mayoría de distribuidoras no cambie, los espectadores tendrán que soportar auténticas chapuzas que a los traductores no nos dejan precisamente en muy buen lugar porque vemos cómo la profesión se degrada y la tendencia al “aquí traduce cualquiera” se mantiene.

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