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La verdadera naturaleza del traductor

Hay ecos que resuenan una y otra vez en la memoria del traductor. Algunos de ellos nacen del contexto universitario en el microcosmos de un aula cualquiera donde algunos profesores se encargaron de lanzar al aire sentencias inolvidables que caían con estrépito sobre las mentes algo tiernas de los estudiantes: “Los traductores somos los humanistas del siglo XXI”. En aquel momento, las piñas estudiantiles que se formaban en los entreactos de las clases comentaban con una mezcla de indignación y sorna: “¿Humanista, para qué? Ya tengo bastante con traducir”. A lo que otro alumno visiblemente molesto apuntillaba: “Ahora resulta que debemos ser como Leonardo da Vinci”.

No, no debemos ser Leonardo da Vinci, tampoco buscar analogías con tales genios deslumbrantes pero sí encontrar inspiración en tantas y tantas mentes inquietas que removieron los cimientos de las sociedades de su época. A eso se refería aquel profesor raro cuyas afirmaciones eran rechazadas de plano y suscitaban tanta aversión entre los estudiantes. Ya teníamos bastante ocupada nuestra cabeza en trabajos, clases, profesores, traducciones, prácticas, interpretación, y sí, inútil negarlo, en acudir los jueves universitarios con otros compañeros de carrera a reuniones de alto nivel sobre sociabilización nocturna.

Gracias a la visión desde una óptica diferente, un servidor se ha dado cuenta de la trascendencia no sólo de las palabras de ese profesor universitario ignorado sino también de tantos y tantos maestros de escuela que intentaron prender en nuestras mentes la chispa de la agitación evitando así que cayéramos en el tan poco saludable sedentarismo cerebral. El universo del traductor forma parte de un mundo extraordinariamente heterogéneo donde cabe cualquier matiz que dé sentido a la esencia impredecible de esta profesión. Por eso, debemos mantenernos despiertos, conectados permanentemente con el mundo que nos rodea por imperativo profesional.

¿Y cómo un traductor puede realizar sana gimnasia mental a la vez que se forma como profesional de un modo asequible? Entre otras cosas, leyendo. Sería conveniente no olvidar que todo traductor lleva un escritor dentro, con mayor o menor notoriedad, pero ahí está. Y ese dominio deseable  de toda lengua vernácula se adquiere leyendo. La escritura es fiel reflejo de lo que hemos leído, de lo que hemos logrado interiorizar para siempre, de lo que nos hemos empapado a lo largo de nuestra vida. En otras palabras, una sincera reverberación vital de lo aprendido.

A día de hoy, se lee mucho más que antes gracias a otros soportes que se han alejado del formato físico. Internet nos ofrece la posibilidad de acceder a multitud de documentos que habríamos tardado días, meses o años en encontrar. Pero no se nos debe escapar que en los genes de lo virtual se halla la inmediatez y ésta conduce inevitablemente a la prisa. En este mundo impaciente y extremadamente veloz en que vivimos, cualidades como presteza, prontitud y celeridad son muy bien valoradas a nivel global. Pero la esencia misma de la lectura creativa e instructiva no se emparenta bien con ellas.

Todos debemos darnos el placer, cuando sea posible, de caer en las redes de una lectura apacible a la par que intensa buceando por páginas y más páginas sin emplear aquella mascarilla de oxígeno que a veces tenemos que colocarnos por culpa de los sofocos causados por nuestro ritmo de vida acelerado. Por nosotros. El caldo de cultivo donde se gesta nuestra competencia se consigue leyendo, investigando, conociendo y, evidentemente, ignorando. El idioma de nuestras ambiciones no es relevante ya que cualquier vehículo lingüístico es válido en nuestro empeño. El afán por dar sentido a lo desconocido debe formar parte de la naturaleza de todo traductor. Aquel que padezca de abulia mental difícilmente podrá sobrevivir en esta profesión.

Bien nos valdría mirarnos en el espejo donde se han proyectado y se siguen proyectando enormes traductores con una vocación fuera de lo común. Podría hablar de unos cuantos pero no me resisto a mencionar al desaparecido Miguel Martínez-Lage, traductor entre los traductores, acaparador de las letras surgidas de autores como Faulkner, Beckett, Welty, Orwell, Steiner o Woolf, entre muchos otros. La obra traducida de este autor es un auténtico sumario de buenas prácticas donde cabe destacar su búsqueda constante —casi enfermiza— de la excelencia, un afán investigador fuera de lo común que le conducía a la perfecta contextualización de los textos origen y una traducción glosada, cargada de simbolismo, que dejaba al trasluz lo evidente de su obra: la pasión por la traducción.

Entiendo perfectamente que recibiera el Premio Nacional de Traducción en el año 2008 por haber honrado la memoria del escocés James Boswell con su Vida de Samuel Johnson. Una auténtica delicia, una traducción sublime, un ejemplo de compromiso con la profesión de aquel que dijo que “la virtud indispensable de un traductor es la invisibilidad, que no se note que un texto está traducido”. Ahora también comprendo, más que nunca, el afán de mis esforzados profesores universitarios y, más aún, de los que lucharon contra chavales asediados por una milicia de hormonas rebeldes en educación primaria y secundaria. A ellos, mi gratitud y mi respeto por haber despertado de su letargo una cualidad tan simple y hermosa como la curiosidad.

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12 Respuestas to “La verdadera naturaleza del traductor”

  1. Yo creo que la mayoría de los traductores somos curiosos por naturaleza. Cada uno en su ámbito, pero para ser buenos traductores, necesitamos beber de esa inquietud para seguir aprendiendo y formándonos durante toda nuestra vida profesional, así que gracias por recordarnos la importancia de esa pequeña chispa ;).
    ¡Saludos!

    • rairizo dice:

      Gracias Eva por comentar.
      Efectivamente la curiosidad debe formar parte de a vida diario de todo traductor e intérprete. Nos preguntamos muy pocas veces por qué queremos traducir e interpretar y la respuesta siempre la encuentro, al margen de que los idiomas forman parte de nuestra vida, en la necesidad de dar salida a nuestras inquietudes.

  2. Qué paradoja tan interesante: una buena traducción debe ser «invisible», debe pasar desapercibida como traducción. Y, sin embargo, ensalza a su autor enormemente.

    Felicidades por la entrada y por el blog, Raimundo.

    • rairizo dice:

      ¡Hola, Daniel!
      Encantado de tenerte por aquí. Un placer.
      Gracias por tus palabras y un descubrimiento tu Blog. Desde luego, 2011 está siendo un año muy prolífico para la Blogosfera de traducción e interpretación. A partir de ahora, me pasaré a menudo por tu rincón virtual.
      ¡Enhorabuena!

      • Tienes toda la razón, Raimundo. Todos estos días descubro un nuevo blog sobre traducción muy interesante. Y el tuyo lo es, y mucho. Ya te he añadido a mi blogroll y estaré atento a tus novedades.

        Un abrazo,
        Dani

  3. Rai, nadie puede negar que tú, desde luego, aplicas lo que dices. ¡Da gusto leerte! Esa misma incomprensión hacia enseñanzas por el estilo la he podido vivir yo misma en la carrera, multiplicada por diez por ese pensamiento no inquieto sino impaciente de mi generación que también comentabas. “Inmediatez, vamos al grano, si la asignatura va de X ¿por qué me mencionas Y?”. Por cada profesor que intentaba iluminar mentes recomendando un libro o haciendo una sugerencia, treinta encefalogramas planos preguntaban en alguna fila remota “¿y esto qué tiene que ver con los phrasal verbs?”. Impagables recuerdos.

    Yo iría más allá y diría que todo lo que leemos, vemos o escuchamos pasa a cambiarnos un poco, de forma inconsciente. Los traductores (como escritores frustrados que somos muchos) dejamos sin querer una huella invisible de todo lo que ha pasado por nuestras manos, oídos y ojos, igual que el propio autor. Cuanto más hayamos conocido, mejores seremos. Eso es así, a pesar de haberme cruzado con mucha gente cuya mayor aspiración era aprender 200 cosas hoy para olvidarlas cuanto antes mañana y no tener que volver a hacer tamaño esfuerzo. Y, sinceramente, no creo que la traducción como profesión (¡como arte que es!) esté hecha para alguien que piense que algo así es un terrible esfuerzo. No sé si el de los demás, pero la curiosidad también mueve mi mundo 🙂

    ¡Felicidades por el artículo!

  4. rairizo dice:

    ¡Nieves, qué alegría leerte de nuevo entre los comentarios!

    Estampa habitual en las clases donde había gente que se quejaba amargamente de estos profesores que a todos, sin excepción, nos parecían un poco “naifs” pero que acabaron demostrando que su sabiduría estaba muy por encima de todos aquellos que pensaban que eran unos lunáticos.

    Y claro que sí, todo lo que aprehendemos, percibimos e interiorizamos consciente e inconscientemente nos hace ser mucho mejor profesionales. De ahí que prefiera ser búho a marmota. Estar conectado con la realidad es parte de nuestra profesión y así hemos de verlo, como algo natural y nunca forzado. No sabría demostrarlo empíricamente pero mucha gente que ponía el grito en el cielo cuando nos animaban a ser observadores es la que ha acabado por derivar su vida profesional hacia otros caminos que no tienen nada que ver con la traducción.

    Curioso o no, ahí dejo el dato surgido de mi propia experiencia académica. De hecho, en mi promoción hay un altísimo porcentaje de alumnos que optaron por no dedicarse a la traducción (probablemente esté hablando de un porcentaje en torno al 90%). Espero que la fórmula mágica ignorancia-investigación-conocimiento-satisfacción siga rigiendo siempre mis motivaciones personales y profesionales.

  5. Estoy completamente de acuerdo. Al fin y al cabo, no es que seamos escritores frustrados, es que somos escritores, y, por ello, solo si eres buen escritor, podrás ser buen traductor. Eso es lo que hacemos, escribir textos y, de ahí, la invisibilidad, porque si no fuese invisible, nos daríamos cuenta de que es una mala traducción, al igual que nos daríamos cuenta si un patata escribe un libro sin sentido: a las pocas páginas dejaremos de leerlo de aburrimiento.

    Y no hace falta mirar en otros. Yo misma me doy cuenta que, como no leo tanto como antes, he perdido mucho de esa gran capacidad que tenía para juntar palabras de una forma embellecedora y que tantas buenas notas me daba en redacciones, no solo en el cole, sino, también, en la universidad. Eso sí, me doy cuenta que, de tanto leer en la blogósfera textos tan magníficos como este que nos has presentado, estoy mejorando mucho 🙂

    Enhorabuena por el texto.

    • rairizo dice:

      Gracias, Curri, por tus palabras tan bonitas.
      Creo que todo traductor lleva un escritor dentro (no se puede decir lo mismo a la inversa). Otra cosa es que dé el paso de sacarlo a la luz pero creo que todo traductor está capacitado para crear textos bellos. De hecho, si no supiéramos escribir bien tampoco sabríamos traducir.

  6. ¡Cuánta razón, Rai!
    Yo creo que mucha gente no se ha decantado por nuestro camino tras acabar la carrera por pereza. Da pereza seguir formandose, da pereza buscarte tus propios clientes, da pereza pensar cada una de las palabras que tienes que escribir, y por eso han optado por un camino diferente, que no más fácil, como puede ser la docencia.
    Sé que muchos de nuestros compañeros de facultad no se leyeron más allá de los obligatorios de la carrera. Alguien a quien no le gusta leer, o no lee por otras razones, difícilmente llegará a algo en el mundo de la traducción. Deberíamos ser devoradores de la literatura para alimentar así nuestro bagaje lingüístico. Y bueno, como ha dicho Nieves, (si no me equivoco), hay que tener curiosidad por todo (puedo tardar una o dos horas en traducir 300 palabras sólo porque me paro a leer mucha info en la red sobre lo que estoy traduciendo).
    ¡Gran post!

  7. Lala dice:

    Totalmente de acuerdo contigo. La curiosidad es la que lleva al traductor a descubrirse dentro de un mundo infinito.
    Siempre me ha llamado la atención éste mundo tan fascinante, y creo que hay que seguirse preparando; ahora me pregunto, ¿qué especialidad tomar? Estoy a punto de graduarme como traductora literaria del italiano al español, pero quisiera especializarme en algo en particular, ¿qué me recomiendas?
    Saludos y, ¡felicidades por tu blog!
    Lala

    • Rai Rizo dice:

      Gracias Lala por pasarte por el Blog y me alegro mucho de que te guste.
      Sinceramente, creo que no tengo autoridad alguna para recomendar a nadie especializaciones concretas. Estaría entrando en terreno personal y no pretendo condicionar a nadie.
      Lo que sí te recomendaría es que eligieras una especialización en la que te sintieras a gusto, donde pudieras rendir al máximo y realizar trabajos de una calidad suficiente como para mantener contentos a los clientes. Para mí son premisas insustituibles en la elección de una especialidad.
      Si hay algo que de verdad te apasiona, lucha por ello y sé perseverante, constante y tenaz. El trabajo duro siempre tiene recompensa y hay gente que sí sabe apreciarlo. Creo que es la mejor recomendación que te puedo dar. Suerte con tu licenciatura y espero verte más por aquí.

      ¡Saludos!

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