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Hacia la necesaria especialización

¡Quién me iba a decir que la traducción jurídica me reportaría tantas alegrías de naturaleza académica! No obstante, mi primer contacto con este ámbito de especialización fue realmente descorazonador ya que sentí cómo flaqueaban mis fuerzas ante semejante montaña terminológica. No me vi capacitado para afrontar un reto de tamañas características pues no solo la terminología entrañaba una dificultad acuciante sino que el desconocimiento de las cualidades estilísticas del género y de los ordenamientos jurídicos comparados cimentaba un elevado muro de espesa y dura roca. ¿Sería capaz de franquearlo?

El panorama no era el más halagüeño: estudiante de traducción de formación eminentemente humanística se incorpora al tercer año de carrera, dedicado en exclusiva a ámbitos especializados como las finanzas, la macro y microeconomía, la banca, los ordenamientos jurídicos, las sentencias, los tribunales y tantas otras cuestiones que imponían algo más que respeto. La traducción técnica pedía permiso para entrar en mi vida y pese a permitirle el paso, lo hice con todas las reservas del mundo.

Algunos compañeros de carrera descabalgaron en este preciso instante y decidieron que la singladura en Traducción e Interpretación había llegado a su fin. Muchos otros decidimos continuar con el reto que evidenciaba la traducción técnica. Después de todo, lo que en un principio resultó ser un entorno algo hostil, terminó siendo una travesía apasionante. Un servidor reparó en la verdadera esencia de la traducción técnica cuando comenzó a bucear entre cantidades ingentes de información novedosa e incorporando esas enseñanzas a un texto traducido con un resultado ciertamente satisfactorio. Y es que el aprendizaje de un traductor traza una línea recta infinita.

Pero, ¿quién está capacitado para realizar una traducción de carácter especializado? ¿El especialista en la materia? ¿El traductor especializado? ¿Ambos? No tengo ni la más mínima duda de que el traductor especializado debe realizar un exhaustivo proceso de especialización para llevar a buen término su desempeño profesional. En la actualidad, la comunicación entre especialistas y el acceso universal a las fuentes informativas ha propiciado que el traductor precise de una familiarización excelente con la rama especializada que domine. Está perfectamente demostrado que un traductor no especializado puede realizar traducciones desastrosas al tiempo que un especialista escasamente familiarizado con el ámbito de la traducción tiene en sus manos la capacidad de elaborar textos ininteligibles.

Ambas combinaciones pueden ser funestas, pues el primero de ellos no conoce los entresijos de una disciplina técnica y el segundo no conoce el complejo proceso de producción de la traducción. Así pues se antoja absolutamente necesario combinar la especialización y la traducción, esto es, buscar traductores con la máxima formación académica posible que posean conocimientos profundos sobre el ámbito científico que sea de su incumbencia. Eso sí, hay que destacar que muchas veces el traductor especializado no podrá resolver ciertas cuestiones, sobre todo las relacionadas con textos originales de alto grado de especialización, por lo que será altamente recomendable consultar con un especialista en la materia.

La consulta al especialista es conveniente, si bien no siempre es posible. Dicho esto, el traductor especializado no solamente tiene competencias en el ámbito terminológico sino que también debe tener en cuenta pautas de estilo de redacción y fraseología propias del ámbito de especialización. Además, no puede obviarse que un conocimiento pormenorizado del campo temático ayudará a reducir plazos y a crear traducciones respetuosas con el original. Los cánones exigen contar con la ayuda del especialista en cuestión, pero la práctica esgrime otros márgenes de realidad. Es muy complicado, casi irreal, contar con un resuelto especialista dispuesto a resolver cualquier duda en el momento que precisemos de su ayuda (a veces inmediata). Por eso, recomiendo coger aire, pertrecharse de las herramientas de inmersión necesarias y bucear por las profundidades del ámbito de especialización. ¿Acaso es que no podemos desempeñar dignamente el papel del especialista?

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Una respuesta to “Hacia la necesaria especialización”

  1. Creo que, lo ideal sería una combinación de ambas. O bien un especialista al que se le den unos cuantos años de teoría de la traducción y, sobre todo, de clases de gramática para que puedan escribir bien (a los abogados les vendría sensacional para dejar de escribir esos textos tan plagados de metáforas que no sabes si estás firmando tu sentencia de muerte o el contrato del piso). Sin embargo, creo que es más fácil enseñar esa especialización a un traductor. Por supuesto, con un curso de 5 semanas no basta. Me refiero a un curso completo, de un año o dos, donde, por ejemplo, se enseñe la parte teórica de la Medicina, o la ingeniería aeronáutica.

    Yo hice tres años de empresariales antes de hacer traducción, así que, la parte de traducción económica y jurídica me fue muy fácil, ya que conocía la terminología y entendía los conceptos. Pero deberíamos haber hecho más partes terminológicas, ya que no creo que baste con un semestre o dos para adentrarte bien en la materia. También soy hija de médicos, así que, el pan nuestro de cada día a la hora de la cena eran las múltiples enfermedades, simposios, medicinas y remedios posibles. Por ello, para mí, traducir Medicina es como hablar con mi padre, algo bastante natural, aunque, claro está, también tengo que buscar cosas porque no es lo mismo la forma en que mi padre me explicaría una enfermedad que la forma en que lo explicarían en una Conferencia sobre epilepsia 🙂

    Es un debate eterno, el de si es mejor gente especializada con “nociones” de inglés, o gente con bagaje en traducción a la que se le puedan enseñar las nociones técnicas. Yo creo que, para según qué cosas, el traductor tendría que contar con un especialista para hacerle las preguntas necesarias. Ni te cuento la de veces que he llamado a mi padre para preguntarle cómo se dice algo en español, o si es mejor decir electroencefalograma o EEG 🙂

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